31/10/2016

La base de una buena educación emocional

¿Por dónde podemos empezar a educar las emociones?
Esta es una pregunta que se hacen habitualmente las familias y los centros educativos cuando quieren iniciarse a trabajar la educación emocional.

 

 

 

¿Cuál es el primer paso?

 

El primer paso, consiste en ser consciente de las propias emociones, saber que pasa en nuestro cuerpo cuando las estamos sintiendo. Este hecho, se llama conciencia emocional que nos permite tomar conciencia de nuestras emociones y comprender las emociones de los demás.

 

Ayudar al niño a reconocer cuando está triste, cuando está enfadado, sorprendido y alegre no sólo le ayudará a ser más consciente de sí mismo, sino que también potenciará reconocerlo en los demás, y fomentar así su empatía.


Cuando queremos acompañar a los niños a desarrollar su Inteligencia Emocional, hay que tener en cuenta aprenden por imitación, y su referente son los adultos más cercanos.


Muchos estudios, afirman que las emociones conscientes, bien educadas y gestionadas, ayudan a convertirnos en un agente moral maduro y responsable (Iriarte 2006) y nos facilita gestionar nuestros estados emocionales fomentando un mejor bienestar.

 

                                                                                                                

                                                           

                                        

 

 

Saber reconocer y gestionar nuestras emociones nos ayuda a:

 

  • Favorecer el pensamiento flexible y creativo
  • Tomar decisiones correctamente
  • Ver otros puntos de vista a la hora de resolver un conflicto
  • Aumenta la atención y la memoria

¡A practicar!

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